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Reconstrucción prepectoral versus subpectoral

Foto del escritor: Dra. Sonia Flores
Dra. Sonia Flores
8 sept
5 min de lectura

La decisión entre una reconstrucción prepectoral versus subpectoral no se limita a elegir dónde colocar un implante. Involucra la calidad de los tejidos, el tipo de mastectomía, los tratamientos oncológicos previstos y, también, la forma en que cada paciente desea recuperar su imagen corporal y su vida cotidiana. No existe una técnica superior para todas las personas. Existe una opción mejor planeada para cada caso.

Después de un diagnóstico de cáncer de mama o ante una mastectomía reductora de riesgo, es natural que surjan preguntas sobre la reconstrucción. Conocer las diferencias ayuda a conversar con el equipo tratante con mayor claridad, sin cargar con la presión de tener que decidir sola.

¿Qué cambia entre la reconstrucción prepectoral y subpectoral?

La diferencia principal está en el plano donde se coloca el implante o el expansor mamario, un dispositivo temporal que permite preparar los tejidos antes de colocar un implante definitivo.

En la reconstrucción prepectoral, el implante se coloca por encima del músculo pectoral mayor, justo debajo de la piel y del tejido que permanece tras la mastectomía. Para darle soporte y cobertura, en muchos casos se utilizan matrices o materiales de refuerzo biológico o sintético, según las necesidades quirúrgicas.

En la reconstrucción subpectoral, el implante o expansor se coloca parcial o totalmente debajo del músculo pectoral mayor. Durante muchos años fue una de las técnicas más utilizadas porque el músculo aportaba una cobertura adicional al implante, especialmente cuando los tejidos superficiales eran delgados.

Ambas alternativas pueden realizarse de manera inmediata, durante la misma cirugía de mastectomía, o de forma diferida, una vez terminado el tratamiento oncológico o cuando las condiciones de salud lo indiquen.

Reconstrucción prepectoral versus subpectoral: diferencias que se sienten

El músculo pectoral participa en movimientos cotidianos como levantar los brazos, cargar objetos, nadar o hacer ejercicio de fuerza. Por eso, una diferencia relevante entre ambas técnicas tiene que ver con la función muscular.

En la reconstrucción prepectoral, el pectoral no necesita elevarse ni modificarse para cubrir el implante. Esto suele traducirse en menos dolor muscular inicial y en una recuperación potencialmente más cómoda para algunas pacientes. También evita la llamada deformidad por animación: un cambio visible en la forma del seno reconstruido al contraer el músculo del pecho.

Esta ventaja puede ser particularmente significativa en mujeres activas, deportistas o pacientes que usan mucho los músculos pectorales en su trabajo. Sin embargo, la recuperación siempre depende de varios factores, incluidos el tipo de mastectomía, la extensión de la cirugía, el manejo de ganglios, la salud general y los tratamientos complementarios.

En la reconstrucción subpectoral, al involucrar el músculo pectoral, puede haber mayor sensación de tensión, espasmos o molestia con ciertos movimientos durante la recuperación. Algunas pacientes también perciben movimiento del implante al activar el músculo. A cambio, en situaciones seleccionadas, el músculo puede aportar una capa de cobertura útil cuando la piel o los tejidos superficiales no ofrecen las condiciones ideales.

La calidad de los tejidos define gran parte de la decisión

La reconstrucción prepectoral requiere una evaluación muy cuidadosa de la piel y de la irrigación que permanece después de la mastectomía. La piel debe tener un flujo sanguíneo adecuado para cicatrizar correctamente y cubrir el implante con seguridad.

Durante la cirugía, el equipo puede valorar la perfusión de los colgajos cutáneos, es decir, la llegada de sangre a la piel preservada. Si los tejidos son demasiado delgados, están comprometidos o presentan riesgo de cicatrización deficiente, colocar un implante delante del músculo podría no ser la alternativa más segura en ese momento.

Factores como tabaquismo, diabetes no controlada, obesidad, cirugías previas, cicatrices, radioterapia previa y ciertas condiciones vasculares pueden modificar el riesgo de complicaciones. Esto no significa que una paciente quede excluida automáticamente de la reconstrucción. Significa que requiere una valoración personalizada y, en ocasiones, una estrategia por etapas.

En algunos casos, el plan más prudente es colocar inicialmente un expansor, esperar la evolución de los tejidos y definir el siguiente paso después. La reconstrucción no debe vivirse como una carrera. Cuidar la cicatrización y la seguridad es parte esencial de lograr un buen resultado.

¿Qué ocurre si se necesita radioterapia?

La radioterapia puede afectar la elasticidad, la vascularidad y la cicatrización de la piel y los tejidos del tórax. Por ello, cuando existe una posibilidad importante de requerir radioterapia después de la mastectomía, la planificación entre cirugía de mama, cirugía plástica y oncología debe ser especialmente coordinada.

Tanto la reconstrucción prepectoral como la subpectoral pueden presentar complicaciones en un campo irradiado, como endurecimiento de la cápsula que se forma alrededor del implante, cambios en la forma, dolor, alteraciones de la piel o necesidad de procedimientos adicionales. No hay una respuesta idéntica para todos los casos.

En determinadas pacientes, puede recomendarse una reconstrucción diferida. En otras, se puede optar por un expansor temporal o considerar reconstrucción con tejido propio, utilizando piel y grasa de otra zona del cuerpo. La elección depende del plan oncológico, de las características anatómicas y de los objetivos personales de cada paciente.

Forma, cobertura y expectativas estéticas

La reconstrucción mamaria busca restaurar volumen, simetría y bienestar corporal, pero no reproduce de manera exacta una mama natural. Tener expectativas realistas permite vivir el proceso con más tranquilidad y tomar decisiones informadas.

La reconstrucción prepectoral puede ofrecer una forma más natural en reposo porque el implante no se mueve con la contracción del pectoral. No obstante, si la cobertura de tejido es delgada, pueden hacerse más visibles los bordes del implante, las ondulaciones o rippling y ciertas irregularidades del contorno. En algunas pacientes, una transferencia de grasa propia en etapas posteriores ayuda a mejorar la transición y la suavidad de los tejidos.

La reconstrucción subpectoral puede brindar mayor cobertura muscular en la parte superior del implante, pero la posición del músculo también puede influir en la forma y generar movimiento al contraerlo. Ninguna de estas consideraciones debe verse de forma aislada. El tamaño del seno, la cantidad de tejido disponible, la simetría con la mama contralateral y los deseos de la paciente forman parte de la conversación.

La seguridad oncológica es el punto de partida

La prioridad siempre es tratar el cáncer de mama de manera completa y segura. La posibilidad de una reconstrucción inmediata depende de que no interfiera con la cirugía oncológica, la evaluación de los márgenes, la recuperación ni los tratamientos posteriores.

La reconstrucción mamaria no aumenta por sí misma el riesgo de que el cáncer regrese. Aun así, el seguimiento clínico debe continuar de acuerdo con el diagnóstico y el tratamiento recibido. Reconstruir una mama no sustituye las revisiones, el cuidado de las cicatrices ni la atención ante cualquier cambio nuevo.

Cuando la cirugía oncológica y reconstructiva se planean de manera conjunta, es posible alinear prioridades: retirar el tejido enfermo con precisión, preservar tejidos cuando sea seguro y elegir la alternativa reconstructiva más conveniente para el presente y para el futuro.

Preguntas útiles para su consulta

Antes de decidir, vale la pena preguntar si los tejidos permiten una reconstrucción prepectoral, si existe posibilidad de radioterapia, si conviene utilizar implante definitivo o expansor y qué procedimientos adicionales podrían requerirse. También es razonable conversar sobre dolor, recuperación, actividad física, revisiones futuras y la posibilidad de retoques para mejorar simetría o contorno.

Pida que le expliquen por qué una técnica se recomienda en su caso. Una respuesta clara debe considerar tanto los hallazgos médicos como sus prioridades personales: recuperar movilidad, disminuir intervenciones, conservar determinada forma o sentir mayor seguridad durante cada etapa.

La elección entre plano prepectoral y subpectoral merece tiempo, información confiable y una conversación humana. Su cuerpo, su tratamiento y sus metas importan. Acompañada por un equipo especializado en mama y reconstrucción, puede tomar una decisión que proteja su salud y respete su bienestar a largo plazo.

 
 
 

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